Médicos toman las calles en San Pedro Sula: crisis laboral escala en el Hospital Rivas

La tensión en el sistema de salud volvió a sentirse con fuerza este viernes en San Pedro Sula.

Desde tempranas horas, médicos del Hospital Mario Catarino Rivas salieron de sus áreas de trabajo para trasladar su reclamo a las calles, en una nueva jornada de protesta que evidencia el desgaste en la relación con las autoridades sanitarias.

La movilización no fue simbólica. Los galenos caminaron desde el centro asistencial hasta el sector del puente El Merendón, uno de los puntos clave de la ciudad, donde decidieron bloquear el paso vehicular. La acción, directa y visible, buscó enviar un mensaje claro: el conflicto sigue abierto.

El origen de la protesta es un reclamo que se repite y se intensifica: el incumplimiento de acuerdos previamente firmados. Según el gremio médico, las promesas hechas por las autoridades de Salud no se han traducido en mejoras reales.

Entre las principales exigencias destacan ajustes salariales, condiciones laborales más dignas y, sobre todo, el abastecimiento constante de insumos y medicamentos. Un punto crítico si se considera que el Hospital Mario Catarino Rivas es uno de los centros de referencia más importantes de la zona norte del país.

“Seguimos en las calles porque no hay respuestas concretas”, expresaron voceros del movimiento, dejando entrever una creciente frustración dentro del sector.

El impacto de esta situación no se limita al personal sanitario. Los propios médicos advierten que la falta de soluciones termina trasladándose a los pacientes, quienes enfrentan un sistema bajo presión y con recursos limitados.

La protesta de este viernes no es un hecho aislado. Forma parte de una serie de acciones que el gremio ha venido desarrollando en las últimas semanas, en un intento por forzar una respuesta institucional.

Lejos de dar señales de retroceso, los médicos han endurecido su postura. Aseguran que mantendrán —e incluso intensificarán— las medidas de presión hasta obtener resultados concretos por parte del Gobierno y la Secretaría de Salud.

En una ciudad que depende en gran medida de su principal hospital público, el conflicto deja una pregunta abierta: ¿cuánto más puede sostenerse esta tensión antes de que el sistema llegue a un punto crítico?

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