El Salvador endurece su ley: menores desde los 12 podrían enfrentar cadena perpetua

El Salvador acaba de cruzar una línea que pocos países se han atrevido a tocar.

A partir del 26 de abril, una reforma constitucional impulsada por el presidente Nayib Bukele permitirá que menores desde los 12 años enfrenten cadena perpetua por delitos graves como homicidio, feminicidio o violación. Una decisión que redefine el concepto de justicia juvenil… y que ya desata un fuerte debate internacional.

No se trata de un cambio menor. Es un giro estructural en el sistema penal.

La Asamblea Legislativa no solo avaló la posibilidad de condenas de por vida, sino que también transformó el aparato judicial: tribunales de menores pasarán a operar como juzgados penales ordinarios cuando se trate de estos delitos. En otras palabras, adolescentes podrían ser juzgados bajo parámetros diseñados para adultos.

El mensaje del Gobierno es claro: tolerancia cero.

Pero detrás de esa narrativa de seguridad, crece la controversia.

Organismos internacionales como UNICEF y el Comité de los Derechos del Niño han encendido las alarmas. Su postura es frontal: el castigo a menores debe priorizar la rehabilitación, no el encierro permanente. La prisión, insisten, debe ser el último recurso… y por el menor tiempo posible.

Desde la oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, la advertencia es aún más directa: esta reforma podría contradecir estándares internacionales básicos.

Pero el Gobierno salvadoreño no ha dado señales de retroceder.

En el pasado, la administración de Bukele ha respondido a estas críticas con dureza, acusando a estos organismos de defender a criminales en lugar de proteger a la población honesta. Una narrativa que conecta con buena parte de la ciudadanía.

Y es que el contexto pesa.

Desde 2022, El Salvador vive bajo un régimen de excepción que ha permitido detenciones masivas: más de 90,000 personas han sido arrestadas en el marco de la lucha contra las pandillas. Aunque el Gobierno asegura que una parte ha sido liberada, organizaciones como Human Rights Watch denuncian detenciones arbitrarias… incluyendo menores de edad.

Aun así, hay un dato que sostiene la popularidad del modelo: la violencia ha caído drásticamente.

El país pasó de tener una de las tasas de homicidio más altas del mundo a cifras históricamente bajas en la región. Ese resultado ha consolidado el respaldo político de Bukele, quien en 2024 fue reelegido con más del 80% de los votos.

La pregunta ahora es incómoda… pero inevitable:

¿Hasta dónde está dispuesto a llegar El Salvador para mantener la seguridad?

Porque esta reforma no solo endurece las penas. Cambia el enfoque de toda una generación: de la rehabilitación a la sanción máxima.

Y mientras el país celebra sus avances en seguridad, el resto del mundo observa con inquietud.

El Salvador ha decidido apostar todo a la mano dura.

El tiempo dirá si el costo será sostenible… o demasiado alto.

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