Visita histórica: alto mando militar de EE. UU. pisa Venezuela en plena reconfiguración del poder

El día que el Comando Sur aterrizó en Caracas

La imagen era impensable hace apenas semanas: un general estadounidense estrechando manos en Caracas.

El 18 de febrero, el jefe del Comando Sur de Estados Unidos, el general Francis L. Donovan, llegó a la capital venezolana en una visita que pocos vieron venir y que marca un punto de inflexión tras la captura de Nicolás Maduro en enero.

Se trata de la primera autoridad militar estadounidense recibida oficialmente desde aquella operación que trasladó a Maduro a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico. El simbolismo no es menor.

Donovan se reunió con la presidenta interina Delcy Rodríguez, además del ministro de Defensa Vladimir Padrino López y el ministro del Interior Diosdado Cabello. Ambos funcionarios han enfrentado acusaciones en Estados Unidos relacionadas con narcotráfico, un detalle que añade tensión al contexto.

Pero el mensaje oficial fue claro: cooperación.

Las partes acordaron trabajar juntas contra el narcotráfico, el terrorismo y el control de la migración irregular. Un giro pragmático en una relación históricamente marcada por la confrontación.

La visita militar se suma al reciente viaje del secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, a Caracas. En conjunto, ambos movimientos reflejan la estrategia del presidente Donald Trump: presión militar combinada con diplomacia energética.

Washington mantiene presencia naval reforzada en el Caribe y ha dejado claro que supervisará el negocio petrolero venezolano de forma indefinida. Caracas, por su parte, insiste en que la diplomacia es el camino.

“La reunión reafirma que la diplomacia debe ser el mecanismo para resolver las diferencias”, afirmó el ministro de Comunicación, Miguel Ángel Pérez.

Lo cierto es que algo cambió.

Después de años de puertas cerradas, sanciones y acusaciones cruzadas, un alto mando militar estadounidense fue recibido oficialmente en Caracas. No es normalización plena. Tampoco reconciliación.

Es, al menos, un nuevo capítulo.

Y en la geopolítica latinoamericana, cada capítulo cuenta.

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