En Nueva Armenia, comunidad garífuna del municipio de Jutiapa, Atlántida, la lluvia volvió a hacer lo que mejor sabe hacer en Honduras: desnudar la vulnerabilidad… y la ausencia del Estado.
Con el agua casi a la cintura, cargando niños, mochilas improvisadas y el miedo a cuestas, decenas de pobladores se vieron obligados a evacuar sus viviendas ante el desbordamiento del río Papaloteca, cuyo caudal aumentó peligrosamente tras las lluvias provocadas por el frente frío que azota la zona norte del país.
La escena se repite como una mala serie que nadie quiere cancelar: calles convertidas en ríos, viviendas anegadas y un paso vehicular y peatonal completamente interrumpido. Para salir de la comunidad, los vecinos deben caminar más de una hora y media desde el casco urbano, cruzando corrientes traicioneras, como si la evacuación fuera parte de una prueba de supervivencia y no una emergencia humanitaria.

“Cada vez que llueve dos o tres días seguidos, esto es lo que pasa”, relató un poblador mientras cruzaba la carretera con su hija en brazos, desafiando la corriente. “Ahorita el nivel está un poco más bajo, pero cuando vuelve a llover, el agua sube rápido”. Nada nuevo bajo el sol… o bajo la lluvia.
Y es que en Atlántida, cuando cae agua del cielo, lo primero que se inunda no es el río, sino la paciencia de la gente. Varias comunidades del departamento permanecen bajo el agua, mientras las soluciones siguen varadas en el papeleo y las promesas de siempre.
Los vecinos denuncian que esta situación es recurrente y que, pese a múltiples llamados, ninguna autoridad ha intervenido para elevar el nivel de la carretera de terracería, una obra mínima que evitaría que el agua la cubra por completo durante las crecidas del río. Pero al parecer, prevenir no es prioridad cuando se puede lamentar después.
“Más arriba el agua llega al pecho. Da temor, sobre todo cuando uno anda con niños”, expresó otro residente, recordando que en cada temporada lluviosa la comunidad queda a merced de la naturaleza… y del olvido institucional.
En videos difundidos en redes sociales se observa a familias evacuando sin apoyo de transporte ni maquinaria, cargando apenas lo indispensable, mientras el caudal del río seguía creciendo. En algunos tramos, la corriente obligaba a avanzar con extremo cuidado para evitar tragedias que, por suerte, aún no se han registrado.
La evacuación también se extendió hacia comunidades del sector José Ortega, siempre en Jutiapa, donde se reportan afectaciones similares.
Hasta el momento, los pobladores hacen un llamado urgente a las autoridades locales y nacionales para que brinden asistencia inmediata y, de una vez por todas, ejecuten obras de mitigación que eviten que cada temporada lluviosa vuelva a convertirse en un capítulo repetido de emergencia, abandono y resistencia en las comunidades garífunas de Atlántida.
Porque en Nueva Armenia el agua baja… pero el problema, como siempre, se queda.
