Groenlandia —territorio autónomo bajo soberanía danesa, helado, remoto y a miles de kilómetros de Estados Unidos— se ha convertido en el epicentro de una disputa geopolítica que va mucho más allá de su mapa.
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha dejado claro que considera “inaceptable” que la isla no esté bajo control de Washington, llegando incluso a amenazar con aranceles contra cualquier país que obstaculice sus ambiciones. Aunque geográficamente pertenece a América del Norte, su historia, cultura y estructura política la mantienen firmemente vinculada a Europa.

¿Por qué importa tanto Groenlandia?
El interés de Estados Unidos por la isla no es nuevo. Ya en 1867, el secretario de Estado William Seward planteó su anexión. Durante la Segunda Guerra Mundial, Washington ocupó Groenlandia para evitar que cayera en manos de la Alemania nazi, y desde 1951 opera la Base Espacial Pituffik, un punto estratégico clave en el noroeste del territorio, establecido mediante un acuerdo de defensa con Dinamarca.
Su ubicación en el Círculo Polar Ártico la convierte en una pieza fundamental para la seguridad militar y la vigilancia global, no solo para EE. UU., sino también para Rusia —que mantiene varias bases en la región— y, cada vez más, para China, que desde 2018 se autodefine como “estado casi ártico”.
Un gigante de hielo
Con 2,17 millones de km², Groenlandia es la isla más grande del mundo (excluyendo Australia) y casi seis veces el tamaño de Alemania. Sin embargo, su inmensidad contrasta con su población: apenas 56.000 habitantes, lo que la convierte en el territorio menos poblado del planeta. El 80 % de su superficie está cubierto por hielo.
La capital, Nuuk, concentra casi 20.000 personas, y más del 65 % de la población vive en solo cinco ciudades. Las proyecciones indican que, debido al envejecimiento demográfico, la población podría caer por debajo de los 50.000 habitantes en 2050.
Un clima que acelera la disputa
El cambio climático está transformando Groenlandia a un ritmo alarmante. En mayo de 2025 se registraron 14,3 °C en Ittoqqortoormiit, más de 13 grados por encima del promedio histórico. Según el Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia (GEUS), la capa de hielo ha perdido alrededor de 140.000 millones de toneladas anuales desde 1985.
Este deshielo no solo amenaza al planeta con la subida del nivel del mar: también abre nuevas rutas marítimas en el Ártico y hace más accesibles recursos estratégicos, intensificando la competencia entre potencias.
El botín bajo el hielo
Groenlandia alberga al menos 25 de las 34 materias primas críticas para la Unión Europea, además de hierro, oro, cobre, uranio, petróleo y, sobre todo, tierras raras, esenciales para la industria tecnológica y militar. Actualmente, China controla más del 90 % de su procesamiento, por lo que Estados Unidos y Europa ven en Groenlandia una oportunidad para reducir su dependencia.
En ese contexto, la isla ya no es solo un territorio: es un tablero de ajedrez donde se juegan poder, recursos y soberanía.
