Europa está mirando a Washington… y no precisamente con confianza.
Una nueva encuesta de YouTrend revela un dato que hace apenas unos años parecía impensable: el 20% de los europeos ya considera a Estados Unidos una “amenaza importante”. No un aliado incómodo. No un socio exigente. Una amenaza.
El giro no es menor. Es geopolítico.
De aliado estratégico a factor de riesgo
El 2026 arrancó con movimientos que sacudieron el tablero global: la caída de Nicolás Maduro en Venezuela y la escalada militar contra Irán, donde murió el ayatolá Ali Khamenei en un ataque conjunto con Israel.
Las imágenes de bombardeos y declaraciones incendiarias cruzaron el Atlántico más rápido que cualquier comunicado diplomático. Y el impacto en la opinión pública europea fue inmediato.
Según el sondeo realizado en Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, España y Polonia, uno de cada cinco ciudadanos ve ahora a Washington como una amenaza seria. El dato supera incluso la percepción de riesgo atribuida a Corea del Norte.
No es solo por los misiles. Es también por el discurso.
Críticas, aranceles y advertencias
Desde su regreso al poder, Donald Trump ha endurecido su tono contra Europa: reproches sobre el gasto en la OTAN, acusaciones de que la Unión Europea fue creada para perjudicar a EE.UU., advertencias de “suicidio civilizatorio”, tensiones comerciales y hasta insinuaciones sobre Groenlandia.
El desgaste no es solo institucional. Es emocional.
En España, el 31% de los encuestados considera a Estados Unidos una amenaza. El presidente Pedro Sánchez fue además uno de los pocos líderes europeos que condenó abiertamente la ofensiva contra Irán, calificándola de “intervención militar injustificada y peligrosa”.
La distancia política parece haber alimentado la distancia ciudadana.
¿China gana terreno?
Mientras Washington pierde puntos en percepción pública, China avanza con discreción. En una lista ampliada de 19 posibles amenazas globales —que incluía corrupción, ciberataques, crisis climática y guerra nuclear— apenas el 2,8% señaló la política exterior china como su principal preocupación.
Es más: Pekín condenó el asesinato de Jamenei como una violación grave de la soberanía iraní y del derecho internacional. El contraste narrativo no pasó desapercibido.
La pregunta empieza a flotar en Bruselas: ¿está Washington empujando a Europa hacia un mayor pragmatismo con China?

¿Divorcio o crisis pasajera?
No todo es ruptura definitiva. La mayoría de los encuestados cree que la tensión es temporal y que, tras la salida de Trump, la política exterior estadounidense podría suavizarse.
España aparece como el país más optimista: un 55% confía en una normalización futura. Alemania, en cambio, es la más escéptica: el 47% cree que la relación podría haber llegado a un punto de no retorno.
La fractura no es homogénea. Es un mosaico de percepciones.
Las verdaderas preocupaciones
Más allá del pulso geopolítico, la inmigración encabeza la lista de preocupaciones en Europa con un promedio del 31%. Reino Unido (40%) y España (34%) lideran esa inquietud.
Polonia, sin embargo, mira hacia el este: el 42% teme una agresión rusa, mientras que Italia destaca por mostrar posturas comparativamente más suaves hacia Moscú.
Europa no está unificada en sus miedos. Pero sí parece coincidir en algo: la confianza automática en Washington ya no es lo que era.
La relación transatlántica, que durante décadas fue un pilar incuestionable, atraviesa su prueba más compleja. Y cuando los ciudadanos empiezan a usar la palabra “amenaza” para referirse a su histórico aliado, el debate deja de ser diplomático… y se convierte en estructural.
