Caminar en cuatro patas y sentirse lobo: el fenómeno ‘therian’ que sacude las redes
Todo empezó con videos.
Adolescentes con máscaras de gato, guantes simulando patas y movimientos felinos desplazándose por plazas públicas. Lo que parecía una escena aislada terminó convirtiéndose en una palabra viral: therians.
El término proviene de la therianthropy, concepto que describe a personas que sienten una identificación profunda —emocional, espiritual o incluso neurológica— con un animal no humano. No se trata, dicen quienes se reconocen así, de un juego ni de una fantasía. Aclaran que saben que biológicamente son humanos. Pero aseguran que su identidad interna conecta con especies como lobos, perros o felinos.
En ciudades de Argentina y Chile ya se han registrado encuentros públicos que han llamado la atención. Jóvenes que se reúnen para expresar esa conexión mediante movimientos, sonidos y accesorios simbólicos: máscaras, collares o colas artificiales.
El fenómeno no está exento de controversias. En Córdoba, una madre denunció que su hija fue mordida en el tobillo tras ser rodeada y olfateada por un grupo que se identificaba como therian. En San Luis, la presidenta del Colegio de Veterinarios relató que una persona acudió con su “dueño” a una clínica solicitando atención médica para la “mascota”, lo que obligó a explicar que los veterinarios no atienden seres humanos.
Aunque el concepto tiene antecedentes desde los años 90, su expansión actual está directamente vinculada a las redes sociales, donde la estética, la identidad y la pertenencia encuentran un escenario amplificado.
En Argentina incluso abrió una escuela llamada Fyrulais, que enseña a caminar, moverse, aullar o maullar según la especie con la que cada persona se identifique.
La comparación con el movimiento “furry” es inevitable, pero los therians insisten en que su experiencia no es lúdica ni recreativa, sino identitaria.
Desde sectores de la psicología se subraya que no se trata de una patología en sí misma, aunque advierten que cualquier identidad que genere sufrimiento o afecte la vida cotidiana merece atención profesional. También hay voces dentro del activismo LGTBIQ+ que temen que esta tendencia sea instrumentalizada para trivializar debates históricos sobre identidad y diversidad.
El debate apenas comienza.
Y en la era digital, donde la identidad se construye también en pantalla, la pregunta ya no es solo qué significa ser therian, sino qué dice este fenómeno sobre la forma en que las nuevas generaciones buscan pertenencia y expresión.
